domingo, febrero 26, 2006

Gripe aviar




La pequeña gremlin se me ha resfriado.

¿Puede ser el primer caso en España de gripe aviar?

sábado, febrero 25, 2006

Novecientos y pico kilómetros de amistad

Novecientos kilómetros y pico nos separan. Hace dos años que se fueron. Han hecho de vuelta un camino que emprendieron sus padres. Se fueron a buscarse la vida. A encontrar un porvenir mejor, una vida más tranquila. Iniciar una aventura nueva. Novecientos kilómetros y pico nos separan. Pero es como si fueran solo nueve metros. No nos hace falta llamarnos, ni recibir noticias, ni nada. Se que están bien, saben que estamos bien. Sabemos que en el preciso momento que pase algo importante, seremos los primeros en ser avisados.

Pero se les echa de menos. Mucho.

Echo de menos la espontaneidad de ella, su absoluta sinceridad, las bromas particulares y el reírme de sus problemas, ella sabe que es broma y además, ella se ríe de los míos. Y yo se lo consiento. Tenemos unas bromas propias a las que solo nosotros dos encontramos la gracia. Chincharnos mutuamente. –Cocodrilo, le digo, -Gordo, me responde ella. Y os juro que nadie me dice gordo como me lo dice ella. Es mas, me alegra que ella me llame gordo.

El es mas serio. Dos metros de tío, ciento cuarenta kilos de bondad. Tiene algo que me recuerda a un san bernardo cada vez que lo veo. Pero se que puedo contar con el para lo que sea. Sabe que puede contar conmigo para lo que sea. Sin dudarlo. Con los ojos cerrados. Con el corazón en la mano.

Hoy han llegado. Y se quedan a dormir en casa de los padres de ella. Pero el hecho de estén aquí, hace que necesite verlos. Y es un ansia casi física. Aunque no nos digamos nada. Aunque no podamos hablar de las cosas de verdad importantes, por estar sus padres delante. Nada más que verlos me reconforta.

Un saludo: - Hola capullo

Como si los viera cada día, como si nos hubiéramos visto ayer mismo. Hablamos de obiedades, ya tendremos tiempo de hablar mas tranquilos cuado estemos los cuatro a solas. Hablamos de su coche nuevo, del parto de ella, le hacemos carantoñas al bebé y me jode tener que esperar dos días para poder estar tranquilos. Se que no es el momento de profundizar en nada. Pero me jode. Es una necesidad egoísta por mi parte, lo se, que le vamos a hacer, soy así de cabrón.

El domingo será el gran día. Mi jefa y ella hablaran de sus cosas, el y yo hablaremos de las nuestras. Y nos reírnos del mundo los cuatro, de lo entupidos que son el resto de mortales y de la paternidad. De negocios y de cuñadas, de coches y de la vida en general. Que cojones, la verdad es que no se de que hablaremos, pero me da igual. Quizá prepararemos una comida. Y una digestión pesada y lenta, aderezada con unas copas de pacharán para soltar la lengua. Espero juntar la sobremesa con la hora de la cena. Y seguir hablando. Hasta que llegue la hora de acostarse.

Entonces llegará el momento de las despedidas, del adiós, hasta la próxima. Y se que dolerá. Es como si se rompiera algo dentro de mí alma. Como si dejaran un hueco irrellenable.

Después llega la frialdad de las llamadas por teléfono, retazos de una conversación perdida. Pistas sobre el estado general de las cosas, informes incompletos y parciales. Algún mail esporádico con fotos de los respectivos retoños. Solo nos queda la esperanza de viajar nosotros a su futura casa. (Espero que mas pronto que tarde) Y la melancolía. Y la añoranza. Y pensar que estarán haciendo en ese preciso momento. La promesa de una tarde de risas y de karts, la promesa de un futuro reencuentro.

Pero así es la vida.

lunes, febrero 20, 2006

Trigonometría avanzada.

Como ya es lunes, y posiblemente estés en el trabajo, una alegria

(No te enganches mucho)

viernes, febrero 17, 2006

El sueño de la razón, produce monstruos.

Aquella había sido una mañana absolutamente normal. Me había levantado a las ocho. Había levantado a la pequeña gremlin. Mientras se bebía el biberón, yo desayuné mi Nesquik con galletas. Cuando terminó, la vestí como pude e intenté peinarla infructuosamente. (El único peinado que me sé hacerle bien, es el de niña loca).
La llevé al cole y regresé a casa. Al llegar, me comí un trozo de tarta de queso, me puse mi traje de señora de la limpieza (si no sabes como es, mira alguna película vieja donde salga (Gracita Morales) y me dispuse a la limpieza diaria de la casa. Con la ayuda de una retroexcavadora, conseguí recoger todos los juguetes del comedor. Para una limpieza mas profunda, me hizo falta la karcher.

Cuando terminé, viendo que todavía era demasiado pronto para ponerme a hacer la comida, decidí sentarme un ratillo a ver la televisión.

Y en ello estaba cuando sentí un ruido extraño. Yo, en mi inconciencia, lo atribuí a la excesiva presión que ejercían los juguetes contra la puerta del cuarto de la niña. Decidí ignorarlo.

Pero el ruido no paró. Y empecé a mosquearme. Con el valor que me caracteriza, puse voz de mosquita muerta y pregunté:
- ¿Hay alguien ahí?
Entonces la escuche. Era una voz que me heló la sangre. Una voz como de ultratumba. Una voz como la que tendría alguien acostumbrado a desayunarse un litro de cazalla y dos paquetes de Ducados. Me respondió:
- Si, hay alguien. Y ese alguien viene a por ti.
Me quede de piedra. Aquella voz había transformado mi sangre en horchata. No era capaz de reaccionar.
Entonces empecé a escuchar sus pasos por el pasillo.
Cloc, cloc, cloc, cloc.
Sonaban como las campanas del infierno. Sonaban como los martillazos que clavaran algún día los clavos de mi propio ataúd. Y llegó al comedor, donde estaba yo.

Era un ser inmundo, a todas luces despreciable. Un alcohólico terminal, preso de las alucinaciones del delirium tremens, tiene alucinaciones más agradables que aquello.
Era como un mal viaje de LSD.

Se trataba de ¡¡BELEN ESTEBAN¡¡ Y estaba vestida únicamente con un salto de cama.
Me miró, con ojos de golosa, y me dijo:
-Ven aquí, torero mío, que te voy a hacer un traje de saliva.

Entonces el puro instinto de supervivencia me hizo reaccionar. Di un salto con la elegancia y majestuosidad de una gacela tompson. Elegancia y majestuosidad que quedo en nada al aterrizar. No recordaba que el suelo estaba todavía mojado y resbale. Caí produciendo el mismo ruido que haría un bistec de ternera de unos cien kilos, al caer al suelo.
Ella, al verme, soltó una carcajada profunda y cavernosa. Yo, me incorporé como pude y salí corriendo hacia la puerta de la calle, mi única vía de escape. Ella, seguía riéndose al ver mis esfuerzos por escapar.

Llegue a la puerta, baje la maneta y tiré con todas mis fuerzas (mas o menos las mismas fuerzas que puede tener una gallina asmática), pero no paso nada. Aquella bruja debía haber cerrado la puerta con llave.
Me di la vuelta y vi que empezaba a caminar hacia mí, y me miraba de una forma totalmente obscena y lasciva.

Recordé que por algún bolsillo del chaleco que todavía llevaba puesto debían estar mis propias llaves. Me puse a rebuscar por los bolsillos con el ímpetu del que ha perdido una quiniela de catorce con su complementario y todo, mientras con el rabillo del ojo vigilaba los movimientos de aquella bruja.

Bolsillo superior izquierdo, nada. Bolsillo superior derecho, el móvil (¿qué hago con el móvil? ¿Llamar a Salsa rosa y forrarme con la exclusiva?, paso, lo primero es salvar el pellejo) Bolsillo interior, un trozo de regaliz ya chupado. (¿Se puede considerar esto un arma?) Bolsillo de cremallera izquierdo, una cucharilla de esas que te dan las maquinas de café, un palito de plástico con agujeros. Bolsillo de cremallera derecho, ¿un patito de goma? Sin comentarios. Bolsillo normal derecho, un clip y una goma de pollo, (si fuera Mac Gyver estaría todo solucionado, me construiría mi propio portaviones, pero no lo soy, hay que joderse) Bolsillo normal izquierdo, las llaves. COÑO, LAS ¡¡LLAVES¡¡

Me doy la vuelta a toda prisa y meto la llave en el ojo de la cerradura, le doy tres vueltas y sonrió con aire de suficiencia. Me considero ya libre de peligro. Abro la puerta notando su fétido aliento en mi nuca. Justo cuando me pensaba que me había escapado ya de aquel horror, caigo en la cuenta de que se trataba de una trampa. Fuera me esperaba su compinche, con los brazos abiertos. Y yo caí como un conejo en la trampa.

La visión de aquel ser infrahumano que me aguardaba me paralizo. Aquel ser era peor todavía que Belén Esteban. Aquel ser era peor que Stalin con resaca. Más cruel que Hitler con dolor de muelas. Al otro lado de la puerta me esperaba...

¡¡YOLA BERROCAL¡¡ ¡¡Y EN TANGA¡¡

De golpe, mi vida entera me paso por la vista como si se tratara de diapositivas. Aquella visión fue demasiado para mi pobre cerebro. Ante aquella horrible criatura, mi cerebro, para proteger la poca cordura que me quedaba, decidió perder el sentido.

Lo siguiente que recuerdo, son unas manos de mujer, que me zarandeaban. Y una voz, que me ordenaba que me levantara. Yo, pensando que se trataba de una de aquellas dos arpías, me hice el disimulado, a ver si se aburrían y volvían al infierno del que se habían escapado. Pero había algo en aquellas manos que me resultaban familiares. Aquella forma de dar órdenes, me sonaba demasiado común, demasiado cotidiana. Así que decidí levantar un parpado un poco, con mucho disimulo. Y me encontré de golpe con mi mujer, con cara de mala leche. Me levante de un salto, pero con cuidado (aun me dolía el ostiazo que había dado antes) y con lagrimas en los ojos, le dije que la quería.

-Ni te quiero, ni hostias en vinagre. ¿Tú te piensas que esto es normal? ¿Eh?? Te pido que me recojas la casa y hagas la comida, y llego y te pillo sobando en el sofá.
-Es que...
-Ni esque, ni esco- me interrumpe –Además la tele puesta a todo volumen. Seguro que te has puesto a ver el programa de Ana Rosa Quintana y te has quedado sopa. ¡Maruja¡ que te estas volviendo una Maruja.
-Auja – me espeta la pequeña gremlin, mientras me señala con un dedo regordete (esta en esa fase en que intentan repetir todo lo que escuchan, casi la prefiero cuando solo lloraba)
-Cariño... Verás... Es que me he quedado transpuesto...
-Claaaaaro, con esa vida de vampiro que llevas es normal.
-Ampiro- repite la pequeña gremlin.
-Anda, quédate con la niña, mientras yo preparo algo rápido para comer. Señor, señor, que paciencia hay que tener contigo...

Y se marcha a la cocina, dejándome a solas con la niña.
Esta, me mira de arriba abajo, toda digna ella y dice:
-Eñol, ame Atienza.
Se da media vuelta y se marcha, dejándome con más cara de tonto que de costumbre.

MORALEJA:

El sueño de la razón, produce monstruos. (Y algunos embarazos, tambien)

PD: Antonio y Sonia, felicidades por vuestra recién adquirida paternidad. Estoy deseando ver a vuestro pequeño monstruo particular.
XD

lunes, febrero 13, 2006

El día que fui Linda Lovelace

Me desperté intranquila, nerviosa. Al fin y al cabo, esa iba a ser mi primera vez. La ducha de esa mañana fue especialmente rigurosa y profunda. El agua caliente sobre mi piel ejercía un efecto relajante. Giré el grifo para hacer subir la temperatura del agua todo lo que pudiera soportar. Y la dejé correr un buen rato.
La ducha calmo mi ansiedad.

Me enrolle una toalla alrededor del cuerpo y utilice una más pequeña para la cabeza. Salí del baño y fui hacia la habitación. Mientras hacia la cama, pensaba que ropa ponerme. Al final, el hecho de que no estuviera depilada influyo bastante en la selección.
Tejanos y un jersey.
No es cuestión de ir en plan “loba” a una primera cita, ya habrá tiempo para divertirme mas adelante.
Vuelvo al baño y compruebo que el vaho del espejo ya se ha terminado de evaporar. Unos golpes de secador, un ligero toque de maquillaje, y unas gotas de perfume.
(El perfume solo lo utilizo en las grandes ocasiones, pero hoy creo que se trata de una de ellas)

La alarme de la pocket me saca de mis ensoñaciones. La programo para que suene siempre media hora antes de las citas. Si no lo hiciera, siempre llegaría tarde.

Un vistazo rápido, para asegurarme que la casa esta en orden, agarro el bolso, las llaves, la chaqueta y cierro la puerta de un tirón.
Me subo al coche, arranco, enciendo la radio y ¡Coño! ¡También es casualidad! La voz de Serrat canta (con esa manera tan particular que tiene de hacerlo) “Hoy puede ser un gran día”. El hecho de que se trate particularmente de esa canción, a mi se me antoja como una especie de presagio, un signo, un buen augurio para mi cita.
El trafico esta fatal esta mañana y el encontrar aparcamiento, me cuesta darle tres vueltas enteras al parking.

Menos mal que opte por una vestimenta informal. El traje de “loba” viene siempre con tacones a juego, y no se como habrían soportado estos la carrerita desde el coche hasta el punto de encuentro. Con lo torpe que soy, seguro que me rompo un tacón y me desparramo en mitad de la calle. Y entonces hubiera llegado echa unos zorros a mi cita.
(Nota mental: salir con más tiempo para la próxima vez)

Por fin llego al local donde había quedado. El lugar tiene un aspecto cutre. En cuanto paso las puertas del recinto cambio de opinión, el lugar no es cutre, es tétrico.
Unas baldosas naranjas cubrían la pared desde el suelo al techo. Las puertas, de formica verde, rompen la monotonía de las paredes. El sitio parece un zulo. No hay ventanas. Los fluorescentes le dan al local un aspecto como de película de terror. Incluso un tubo, no acaba de encenderse y no para de parpadear, iluminando de forma irreal el conjunto.
El aire huele a una mezcla de desinfectante barato y humedad.

Doy vueltas hasta encontrar la puerta indicada. Una vez que la encuentro, me planto delante de ella y dudo. ¿Llamo? ¿Doy media vuelta y salgo corriendo?
No. Tengo que entrar. Llevo demasiado tiempo esperando esta cita, este momento. No puedo echarme atrás ahora.
Respiro hondo, me armo de valor y llamo. Una voz recia, profunda y viril me invita a pasar.
Al abrir la puerta se me pasa todo el miedo de golpe. Dentro estaba EL. No es que fuera especialmente atractivo. No era irremediablemente guapo. Pero tenia su aquel, era “achuchable”. Tenía un aspecto tierno, como el osito de Mimosín.
Rondaba el metro sesenta y cinco, alrededor de los setenta kilos. Moreno, pero con algunas canas en las sienes que lo hacían incluso mas interesante. Llevaba una perilla bien recortada, que endurecía un tanto sus facciones. Su mandíbula era cuadrada, prominente y muy masculina. Gastaba gafas de montura metálica. Y tenia esa mirada tan especial y encantadora que tienen todos los miopes.
Encima estaba vestido con el uniforme de trabajo. (Con el morbazo que me dan a mi los tíos de uniforme)

A modo de saludo me estrecho la mano. Y lo hizo de una forma firme, pero sin llegar a ser dolorosa. El tipo de apretón de manos que da un tío seguro de si mismo y de sus posibilidades.
Cada vez encontraba mas “achuchable” al tipo.

Me invito a sentarme y para romper el hielo utilizo las preguntas habituales:
¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes? etc...

Cuando vio que me había relajado algo, me hizo pasar detrás de un biombo que partía la habitación en dos. Al ver lo que había allí un escalofrío recorrió mi espalda. Me puse otra vez tensa como la cuerda de un arco. El, dándose cuenta, me tranquilizo. Me dio la mano y, mirándome a los ojos (Dios, tiene unos ojos preciosos), me dijo:
- Tranquila, voy a ser lo mas dulce posible. Contigo voy a ser mas cuidadoso que de costumbre, no me gusta ser brusco con una chica tan guapa como tu. Cuando estés dispuesta, empezamos.

Por mi cabeza, volvió a pasar la idea de huir, pero no podía. Sabía que si me iba ahora, me arrepentiría y volvería avergonzada tarde o temprano. Debía ser aquí y ahora. No había marcha atrás posible.
-¿Me tengo que desnudar? Pregunte mientras me ruborizaba
-Con que te quites el jersey y te tumbes me basta. No me gustaría manchar un jersey tan bonito.
El, viéndome vergonzosa, se dio media vuelta. Momento que aproveche para recrearme la vista. Empecé de arriba hacia abajo. Pelo limpio y bien recortado en la nuca. Se notaba que iba a la peluquería a menudo. Una espalda, ni demasiado ancha ni demasiado estrecha. Bien proporcionada. Un culo potente, ni plano ni demasiado respingón. Además tenía el culo con un aspecto de ser tan duro como el hormigón armado. Tentada estuve de comprobarlo pegándole un pellizco.
Sus piernas parecían dos columnas del Partenón. Se notaba que el tío se machacaba cada día, por lo menos, dos horitas de gimnasio.

Me tumbe en la camilla y con un leve carraspeo le indique que me encontraba dispuesta.

Entonces el, se dio la vuelta teatralmente despacio, disfrutando el momento, siendo plenamente consciente de que me iba a impresionar. Y vaya si me impresionó. Debió prepararse mientras yo estaba extasiada mirándole el culo.
Tenia el “aparato” entre las manos y dispuesto para la faena. El “aparato” era de un tamaño descomunal. No tanto por su calibre, más bien escaso diría yo, como por su longitud, exagerada sin ningún tipo de dudas. Lo tenia cogido por la base ¡y el otro extremo le llegaba por debajo de las rodillas! ¡LE LLEGABA POR DEBAJO DE LAS JODIDAS RODILLAS¡¡¡¡
Además tenía la punta brillante, como si estuviera lubrificada con algún producto.
¡No podía creerlo! ¡Aquello era exagerado!, ¡descomunal!, ¡inmenso!!!
Antes de empezar, le pedí que me lo dejara tocar. Me encontraba como Santo Tomas, necesitaba tocarlo para creérmelo. Y me dejo tócarlo. Y quede sorprendida por su dureza.

Entonces acerco la punta de aquella exageración a mi boca.
Y entro. Suavemente al principio mas fuerte después. tanto que al principio me dieron arcadas. El, al notar las arcadas paró.

Saco aquella monstruosidad de mi boca y me dijo.
- No te resistas. Dejate llevar. Al principio a todo el mundo le pasa igual, traquila. Respira hondo y dejame hacer a mi. Yo soy el experto aquí y te garantizo que hasta ahora, nadie se ha quejado. Todo el mundo queda satisfecho de mi trabajo.

Y volvio a meterla en mi boca. Hacia adentro. Hasta el final. Volvieron las arcadas y , una vez pasado el “punto critico” desaparecieron. Mi ojos lagrimeaban y el, amable, me ofrecio un pañuelo y me dio un descanso.

Pero sin sacar aquello de mi boca.

Entonces empezó la suave cadencia. Hacia delante y hacia atrás, adentro y afuera. Con un ritmo hipnótico. A veces entraba y se entretenía dentro. Como buscando algo. Otras entraba y salía con un ritmo más rápido, mas acelerado. Aquella condenada cosa parecía estar viva, se movía dentro de mi rebuscaba en mis entrañas.

Entonces paro en seco. Levante los ojos y lo vi. Un brillo especial en su mirada me dijo que había llegado al fin.

Entonces llego el torrente. Era como si alguien hubiera abierto las compuertas de una presa. El liquido caliente me colmo. Y me rebosé. El líquido me lleno la boca y no pude contenerlo dentro de ella. Manó de mis labios y resbalo por la cara hasta la barbilla, cayendo encima de mis pechos. (Menos mal que me había quitado el jersey)



Bueno, la historia ha ocurrido como la cuento . Le he cambiado el género a la protagonista para que no se notara demasiado que se trataba de mí. Por lo demás, todo fue mas o menos así.

Al final, el tío, (doctor, para mas señas) me ha diagnosticado una hernia de hiato, nada importante, y me ha recetado Omeoprazol, para las molestias.

Visita con el digestivo para dentro de seis meses.

domingo, febrero 12, 2006

No son normales.

Las cinco y cuarto de la mañana, entra Gollum a la habitación con cara de preocupada.
Me peleo con mis legañas hasta que consigo abrir los ojos.

Gollum gesticula como si estuviera poseída. No acabo de entenderla bien.

Pasan unos tres minutos hasta que mi cerebro se pone en marcha y en un estado mínimo de conciencia.

-Monchito (el novio de mi cuñada), se encuentra mal, tiene los labios morados, y esta mareado.
- Ya. ¿Habéis bebido algo?
- Si, esto..... bueno... un poco.
-No pasa nada, seguro que estará borracho. Déjalo que duerma la mona, ya se le pasara.
-¿Y si se muere?

Las lágrimas asoman a sus ojos. Yo intento disimular un ataque de risa.
-Mañana deseara haber muerto, no sufras.

-No. Baja y échale un vistazo.

En fin. La orden de la jefa, fue demasiado tajante como para desobedecerla sin consecuencias nefastas para mi vida sexual.

Me visto, bajo y me encuentro al Monchito tumbado en el sofá. Totalmente vestido y tapado con una manta horrible, de esas que regalan en los bancos.
La cara que tiene, tiene peor aspecto que la manta. (Si esto es posible, se trata de una manta muy fea)

-A ver, espero que estés realmente grave para sacarme de la cama a las cinco y cuarto de la madrugada. ¿Qué te pasa?
-No... Nada...Que el Red bull me ha sentado mal...
-Ya, ¿Con que lo estabas mezclando?, ¿En que proporción?, ¿Cuántas veces?
-No... tres o cuatro, no sé... no mucho...
-Vale, y yo me llamo Jesucristo Skywalker. Cuéntame otro chiste. Que este ya me lo sé...
-¿Has vomitado ya?
-Si.
-Vale, acuéstate, mañana estarás fatal.

Esta mañana, a modo de venganza he recordado que tengo que cambiar las cuatro ruedas para pasarle la ITV al coche. Ni corto, ni perezoso, a eso de las diez les he despertado para que me echaran una mano. Al fin y al cabo, Monchito estudia para mecánico. Le estoy haciendo un favor ¿no?

El detalle de ponerle los grandes éxitos de Judas Priest a un volumen atronador en la radio del coche, me parece que ha sido un tanto excesivo....

P.D: No le he echado bronca ni nada de eso, al fin y al cabo tiene 18 años, y es comprensible

jueves, febrero 09, 2006

Bibliomeme

Ya estamos otra vez. Otro meme. Y este por partida doble.

Deyector empezó la faena, faena que fue rematada por Hapyhamsterhop.

Empiezo a echar de menos a Chasky

XD

Bueno, a lo que vamos. En esta ocasión se trata de escoger un párrafo de un libro que me haya gustado.

(Es más difícil de lo que parece)

Bien. Este es el mío.


-Un monstruo hace a otro monstruo. Y el segundo, un tercero. ¿No te acuerdas de que te debo una historia? Una chica conoce a un chico en una isla. La chica vuelve con el chico y el chico desaparece. Nadie ha visto al chico. Al chico no lo ve nadie, por que solo cinco o seis personas pueden ver al chico. Bien. La chica se toma productos malos. Buenos cuando es poco. Malos cuando es mucho. ¿No es verdad? La chica se mete a puta, por que el producto es caro. Todos la joden. Y ella se mete productos malos para olvidar que la joden todos. Vive en su mundo. Escucha. Aquí tenemos tres marcas de cielo, si es poco, y de infierno, si es mucho. Lo que se come, lo que se fuma y lo que se pincha. Aquí tenemos una habitación para los que se meten una cosa en la vena del brazo. Esa habitación. Una habitación que era blanca hasta que un sucio, al sacarse la aguja de la vena lanzó con la jeringa un resto de sangre en la pared. Y luego otro hizo lo mismo. Y otro más. Yo les dije a las chicas: “No limpiéis esas manchas, que sepan lo horrible que es. Que no descansen en la habitación”. Para asustarlos. Pero ellos no se asustan. ¿Puedes creerlo? Bien. Y al poco tiempo toda la habitación, las paredes, el techo, todo, estaba lleno de manchas de sangre. Pues ella, la chica de la isla que buscaba al chico, pero se la jodían todos, aun salía de la habitación y me decía que eran las manchas de sangre. Y ella, drogada, mucho, piensa que una mancha es un delfín, el humo de un disparo, su papa, un Susie Q, y piensa que otra mancha es el otoño, una isla y su palmera, un cisne, bien seguro, y el muro de un misterio. Ella mira las manchas como el que mira las nubes. Ella piensa que aun es buena. Y donde trabaja, un día trae un gato tuerto. Y otro un cachorro de perro al que han dado una paliza. Y un día trae un niño... y lo cuida. Pero a la pobre, ya no le queda mucho de tanto producto malo y ahora es el niño el que la cuida a ella. A ella le han echado de donde se jode. Ella solo habla del hombre malo al que nadie ve. Y quiere verlo. Necesita tanto ver al hombre malo como al producto malo. Y el niño la cuida. Y hoy el hombre malo ha jodido a otra chica más y la ha matado. Ella no se entera de nada ¿no es verdad? Pero esta mañana se ha enterado de esto. Se ha enterado. Y han empezado a pasar cosas muy raras. En fin...
Supongo que no hace falta que diga que si cuentas algo, las manchas de sangre serán la tuyas, ¿no es verdad?

“El día del Watusi” Francisco Casavella.


Y le paso semejante marrón al Chasky. Me parece que aun no lo tienes, macho.
(Y me sirve como venganza)

Tambien me acuerdo de Txocalt ,Balena y de Peppermint...

Y ya paro que me embalo...

miércoles, febrero 08, 2006

Encrucijadas

Me da la impresión de estar en un momento clave. En un punto de inflexión en mi vida. Tengo que tomar decisiones. Decisiones que no me afectaran solo a mí.

Y no me malinterpretes, no soy un tipo miedoso. Nunca he dudado mucho en aventurarme en las aventuras que me ha dado la gana. Con dieciocho años recién cumplidos, me aliste en los boinas verdes. Incluso llegue a valorar irme a Yugoslavia en plena guerra de los Balcanes. Con veintiún añitos, me subí a un camión a recorrer Europa. Solo. (Lo más lejos que había ido por entonces era a Andorra)

Cuando uno esta solo, cuando tus errores te afectan solo a ti, es fácil.

La cagas, apechugas, aprietas los dientes y te haces responsable de tu propio error. Hasta que vuelves a salir a flote. Solo.

Solo. Ese es el quid de la cuestión. Mis decisiones (intrépidas o no) solo me afectaban a mi.

Pero cuando un error tuyo puede afectar a los seres que quieres, cuando no tienes claro que va a pasar, cuando una mala decisión puede afectar al futuro de tus hijos, la cosa se complica más.

Y uno duda.

Y no sabe cual de las dos opciones escoger.

Es como en un concurso de la tele.
Siempre son dos opciones. Es blanco o es negro. No hay ningún color mas, ni siquiera una triste escala de grises. O escoges el sobre blanco y te quedas como estas, o escoges el sobre negro.
Pero sobre negro es sorpresa. Puedes ganar el premio gordo, si. Pero también puedes perderlo todo.
Y lo que habías conseguido hasta ahora en todo el puñetero concurso (la vida), se puede ir a la mierda.

¿Comodín del público? ¿El del cincuenta por ciento? Te jodes. Esto es la vida real.
No hay comodines.

Y aquí estoy yo. Dudando.

Dudando y valorando el posible rumbo a seguir. Valorando mis opciones.


Blablabla bla bla blabla blablablabla bla, bla bla blablabla blabla.....

Mierda.
Retórica. Nada más que retórica.

La decisión, en realidad no es tan difícil.
Al fin y al cabo, no afecta a mi vida emocional.
(Bueno, si, le afecta. Pero poco.)

Lo que pasa, es que me pilla justo en medio de una tormenta interior. En un estado mental un tanto especial. Una especie de crisis de confianza propia.

Estoy de pelea con mis propios demonios.

Y esta pelea va a ser de las duras.

XD



(Mierda, me acaban de endosar un meme, y por partida doble)
( ¡¡Y NO HA SIDO CHASKY!! )


BSO: David Bowie. Changes.

Evangelio de Tux

Dando una vuelta por los habituales, me encuentro con esto.


El Evangelio de Tux

Altamente recomendado para informaticos.


Via Ender en Halón disparado

lunes, febrero 06, 2006

lo verde 5

Hace tiempo que no colgaba nada del huerto. La cosa esta tranquila. Supongo que por el clima.

Las habas, han sobrevivido a las nevadas
(sorprendentemente) y están empezando a florecer. He arrancado ya las zanahorias.
No están del todo mal, para ser la primera vez.
XD



Ya tengo preparado un bancal de tierra para sembrar patatas (realmente el único producto del huerto que me gusta).
A ver si puedo sacar un par de sacos.

Hemos podado la higuera.
Corrijo. El pseudo-jipi de mi hermano HA podado la higuera.
Veremos si sobrevive. (La higuera, no mi hermano.)






Después del intenso trabajo agricola, un pequeño ágape.






Y como no solo de carne vive el hombre, algo para acompañarla.



Hale, seguiremos informando.

Toma, una flor

miércoles, febrero 01, 2006

El increible hombre medicamento

No puede ser, no es lógico. Pasar de temperaturas siberianas, de estar bajo cero, de quedar incomunicado por la nieve, de tener que ponerle las cadenas al coche para ir a comprar el pan a tener temperaturas por encima de los veinte grados, a tener que arremangarte por que cuando te das cuenta estas sudando, a tener que ir con las dos ventanillas del camión abiertas de par en par, a tener que buscar las gafas de sol en el fondo de la mochila (Jota, acaba la frase ya, que se te ahogan los pocos lectores)

No puede ser normal.

¿Será por lo del cambio climático? ¿Serán tonterías mías? ¿Será acaso que las grandes compañías farmacéuticas han encontrado una forma de dominar el clima, para tenernos a todos resfriados y así poder hacerse MAS ricos?

Mi farmacéutico esta pensando en ponerle mi nombre a su futuro hijo. Hijo al que, al paso que voy, acabare pagando hasta la carrera de universitaria (master en Harvard incluido)
Me gasto más en medicamentos que en la hipoteca de la casa.

El otro día fui al medico y al acabar de explicarle todos los síntomas, me miro, no dijo nada y escribió un latinajo en un papelito. Me lo dio, con media sonrisa en la cara.
-¿Solo esto? Pregunte extrañado.
- No. Cuando llegues a la farmacia, le dices al payo que te atienda, que menos esto, te de de todo. Esto es para la tenia y con lo gordo que estas, me extrañaría mucho que la tuvieras.
- ¿Y la posología? ¿Cada cuanto me tomo las medicinas? ¿Y como?
- En bocadillo. Cortas dos rebanadas de pan, las rellenas de pastillas y para dentro. Para acompañar el bocata, ves echando tragos de todos los jarabes que tengas.
Y te quiero volver a ver el viernes que viene, a ver si te tengo que dar algo más, para completar el tratamiento.
- ¿Baja? Pregunte ilusionado.
- No, me quedo en este piso y no me trates de usted, que me hace mayor.
No se para que pregunto.

Estoy hecho polvo, arrastro una castaña que no me aclaro.

Ahora mismo, tengo la impresión de que mi cerebro ha encogido dos tallas, y flota en mitad de un charco compuesto a partes iguales por mucosidad y analgésicos.
Además, al ser mas pequeño de lo habitual, cada vez que muevo la cabeza de una forma un poco brusca, golpea contra las paredes del cráneo, produciendo una sensación para nada agradable.

No se si es por el resfriado o por los medicamentos, pero mi cerebro sufre una especie de “delay”. Desde que ordeno a mi mano que se cierre, hasta que esta obedece, pasan como cinco o seis segundos. Tengo la sensación de que mi cuerpo me viene pequeño, como si no cogiera en el. Supongo que una crisálida de mariposa, dentro de su capullo, sentirá algo parecido.
Tengo los reflejos como los de una letal cobra. Una letal cobra que se encuentre sorda, ciega y parapléjica.

Cada una de mis extremidades pesa como cuarenta kilos más de lo habitual y dudo mucho de que mis piernas aguanten mucho tiempo mi propio peso. (Peso que por fin ha bajado de los cien kilos. Bien, prueba superada)

Todo va a una velocidad excesiva para mí. Si estuviera dentro de una película, esta iría a cámara rápida, mientras yo iría a cámara súper-lenta. Una especie de slow-motion.
Es como si la realidad y yo estuviéramos desacoplados, como si estuviera en una longitud de onda diferente a la del resto de mortales.

Menos mal que mi súper-esposa me cuida con sus súper-poderes especiales. Me hace súper-calditos de esos que tanto me gustan. Me recuerda las horas de mis medicamentos con una amable colleja. Se asegura de que me los tome. Y me da mimitos.

No se que seria de mi, sin que me cuidara ella.

Supongo que seria uno de tantos mendigos que hay por ahí.

P.D:En el rato que he tardado en escribir el boceto de esto, la temperatura ambiente ha bajado ocho grados, lo dicho. NO ES NORMAL.

BSO recomendada:
My baby just care for me (o algo así) Nina Simone.

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